No hay nada trivial

La gente creía que cuando alguien muere, un cuervo se llevaba su alma a la tierra de los muertos, pero a veces, algo malo ocurre, y acarrea una gran tristeza, y el alma no puede descansar en paz. Y a veces, sólo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Situaciones surrealistas


Han sido demasiadas noches seguidas durmiendo tres horas, mientras que al mismo tiempo ocurren entre medio viajes largos en sueños profundos que me hacen dialogar en diferentes escenarios, con todo tipo de personas y todo tipo de ambientes. Cuando el cansancio logra vencerme recupero en sólo una pestañada la energía necesaria para poder seguir caminando. Y han sido tantos viajes cortos y viajes largos, que ya me está costando diferenciar la realidad de los sueños y de la imaginación. Anoche ocurrió una situación que probablemente me costará mucho describirla. Es posible acercarla a una especie de "mitad" entre la realidad y la ficción; como el espacio en el que habitamos que se posiciona entre el cielo y el suelo profundo; como nuestros cuerpos, divididos entre la vida y la muerte. Para todo existe un espacio intermedio, y en este caso es sumamente difícil reconocerlo. Llevaba horas viajando en el camión de un caballero que tenía familiares policías y que le gustaba escuchar cueca. Iba con la compañía de una mujer a la que recién estaba conociendo, a la que ubiqué a través del espacio virtual, y que terminó arriba de ese camión conmigo a cientos de kilómetros de distancia de nuestras casas producto de otro de mis impulsos incontrolables. En mitad del viaje el cansancio y el hambre nos llevó a estacionarnos en un sector de camioneros para pasar al baño y comprar algo para comer. Eran las 11 de la noche más o menos. Estábamos cerca de Los Ángeles y raramente no hacía frío, pero corría un viento seco que volaba todo objeto débil. Cuando salí del baño me di cuenta de lo raro de los colores de aquel lugar, era como de alguna película que en mi cabeza inventé. Me dirigí hacia un kiosko donde estaba esta chiquilla con el camionero y él me preguntó si quería una paila de huevo y yo le dije que sí. Nos quedamos ahí mientras el cocinero todo drogado preparaba la once. Ella y yo nos tomamos un té y comimos pan con huevo mientras él se empinaba un sandwich de ave y se tomaba su cuarto café del día. El kiosko tenía luces rosadas como de navidad, que me posicionaban en un lugar sumamente utópico e irreal. En mucho rato no pude dejar de observar todo desde la conversación incoherente entre el camionero que tiraba tallas sobre el clima con el cocinero que todo drogado no sabía qué responder y sólo repetía lo mismo que él, hasta el color de las luces del kiosko y la luz de los baños. Se lo dije a ella ahí mismo: me parecía todo muy surrealista.

Cada impulso en mi vida me ha dejado alguna marca... algunas más superficiales que otras. Creo que en lo único que debo concentrarme en estos momentos es en comenzar a controlarlos y a diferenciarlos de la intensidad que llevo desde mis raíces. Ya no sé qué fue ayer ni qué será mañana ni qué es lo que soñé ni qué es lo real en mi vida ni si verdaderamente lo que repito cuando cierro los ojos será real algún día. A veces sí me dan ganas de no estar.

Gravity - Coldplay

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