Nunca me crean cuando digo que odio a los niños. Lo digo porque va acorde con el papel que interpreto, con la maldad de mi alma, pero la verdad es que cuando el sistema me sofoca y la carencia de sentimientos me desangra el espíritu, siempre un bebé o un niñx pequeñx me devuelve la sonrisa. En la vía pública miles de niñes me miran, me tocan, me sonríen y me reconstruyen la vida, la esperanza. Me recuerdan que existen cosas lindas. Soy de esas personas que admira la niñez, y que se pone contenta cuando interactua con ella. Me encantaba trabajar animando cumpleaños, aunque demostrase lo contrario.
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